Seguros de vida

¿Estás preparado para vivir 120 años? Las aseguradoras ya están pensando en ello.

¿Cómo afrontaremos en el mundo desarrollado la longevidad? Desde un punto de vista de cobertura social o colectiva, se produce una curiosa paradoja: lejos de ser una buena noticia para muchos analistas, cada vez más informes lo consideran como una de las grandes contingencias a afrontar en el siglo XXI.

Como sociedad hemos llevado al sector farmacéutico y sanitario a cotas nunca vistas, nuestra sociedad ha cambiado su estilo de vida radicalmente respecto al siglo anterior y observamos como la vida de las personas se alarga, de promedio, más que la de generaciones anteriores. La mortalidad de nuestros mayores ha descendido y la esperanza de vida de los niños que nacen es altísima, lo que es una gran noticia. Pero también nos plantea el reto, como sociedad, de valorar su impacto.

Recientemente  se ha publicado El reto de la longevidad en el siglo XXI elaborado por Instituto Santalucía, donde se abordan ésta y muchas otras cuestiones desde el punto de vista económico.

Las buenas noticias

El futuro es incierto, pero este informe parece confirmar nuestras sospechas: dentro de 50 años el escenario será radicalmente distinto. El 35% de la población española será mayor de 65 años. Y unas 220.000 personas en España superarán los 100 años (actualmente representan unas 15.000).

Veamos algunas cifras interesantes que se deducen de este informe:

  • En el último siglo, la esperanza de vida en España ha mejorado a razón de unas diez horas al día.
  • España es el cuarto país del mundo con mayor expectativa de vida al nacer, unos 82 años. Sólo ganan Japón (83 años), Suiza (83) y Singapur (83).
  • La OMS contempla a España en novena posición según el índice de vida saludable (este índice tiene en cuenta los hábitos que pueden empeorar la salud).
  • En el futuro se podrá vivir más de 120 años, la barrera que los expertos señalan como el límite de la vida humana.

Los retos

Las instituciones sanitarias deberían emplearse a fondo en promover todos los hábitos saludables que nos permitan mejorar nuestra calidad de vida. Pues de nada sirve alargar la vida si ésta no va a tener una calidad aceptable. Según el informe, uno de los problemas de vivir más es que crece la tendencia a ser más dependientes y a sufrir enfermedades crónicas, que además de disminuir nuestra calidad de vida incrementará los costes sanitarios.

Los profesionales del seguro también nos enfrentamos a un importante reto: deberemos ser capaces de ofrecer mecanismos de ahorro sostenibles en estos nuevos escenarios.  Aunque la contingencia del fallecimiento seguirá existiendo, por ley de vida, lo cierto es que ya no será tan seguro el momento en el que se producirá. Y ésto modifica variables importantes que intervienen en el cálculo del riesgo de las aseguradoras. Dichas variables tienen que ver con la edad, la salud, la herencia genética, el estilo de vida o los avances médicos.

Hasta ahora las aseguradoras contaban con un cálculo muy estático de la esperanza de vida, que permitía determinar las primas en base a tablas actuariales. Pero este cálculo es probable que con el tiempo acabe siendo mucho más sofisticado. Por supuesto, dichos cálculos estarán determinados/limitados por la bioética.

A la hora de determinar la supervivencia de sus asegurados, para las aseguradoras existe una gran incertidumbre derivada de cuánto van a mejorar en el tiempo las probabilidades de supervivencia. Errores de cálculo en este sentido puede impactar negativamente en las cuentas de las aseguradoras, para productos como las rentas vitalicias, donde la compañía, tras el cobro de una prima determinada, hace frente a una serie de pagos periódicos durante toda la vida del asegurado.

Por tanto, las compañías deberán prestar mucha atención en el futuro al comportamiento de la longevidad de cara a intentar recoger de la forma más precisa posible en sus modelos predictivos la incertidumbre que genera su rápida evolución.

Las primas de los seguros de vida del futuro

En el futuro, las compañías tarificarán los seguros de vida de forma mucho más individualizada, ajustando los productos al cliente y su perfil socioeconómico o sus particularidades. El Big Data y el Machine Learning jugarán un papel crucial, de forma que éstos procesos estarán totalmente automatizados. Hoy en día ya estamos viendo algunos cambios: productos aseguradores ligados al uso de ciertas aplicaciones móviles o dispositivos de monitorización, fomentando que el asegurado cuide su estilo de vida para mantener a raya la prima del seguro, dando como resultado productos que son más ventajosos tanto para el asegurado como para la aseguradora.

Así que es evidente que la transformación digital va a ser importantísima para que el sector asegurador se adapte a este nuevo escenario. Las aseguradoras deberán buscar la forma de ofrecer productos que incluyan más y mejores servicios asistenciales, sanitarios y residenciales.

 

 



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